Despacito y buena letra
Rafael Bueno Ramírez
Socio Delegado Zona Centro Proinlasa
Se acabó la fiesta. Al menos, así lo indican los que gustan de la crítica fácil al sector inmobiliario. Echando una mirada atrás, no parece tan malo que aquel comprador de vivienda sobre plano, que vendía después, con una generosa ganancia sin aportar ningún valor añadido, empiece a desaparecer. Sobre todo, porque toda carga de la culpabilidad que la opinión publicada ha arrojado sobre el promotor a cuento de la especulación, es hora de que desaparezca.
Desde mi punto de vista, la situación de las ventas está en un proceso de relajación, que no de freno. Digo esto porque es notorio que desde las últimas elecciones generales, hace ya 3 años, las cifras de ventas han oscilado mucho, desde períodos de bajada de las ventas hasta otros en los que las unidades vendidas aumentaban sin justificación aparente. ¿A qué se puede deber esto? Pues, muy probablemente, a una crisis de confianza por parte del comprador final que necesita adquirir una vivienda y que confía en una bajada de precios, hasta que comprueba que esta no se produce y se decide a comprar. La prueba es que, aunque hay períodos en los que no se vende, se siguen produciendo visitas.
El sector está alcanzando la madurez del ciclo y es de libro que los crecimientos de precio serán muy bajos al entrar en el tramo alto de la curva, en el que se produce un cambio de tendencia que no de inflexión, pero si la demanda sigue existiendo, las cifras de ventas no se resentirán de forma alarmante. Está ocurriendo un fenómeno curioso, el comprador final se está creyendo que el precio de sus viviendas bajará y está esperando, lo que provocará nuevas concentraciones de las ventas en cortos períodos de tiempo. |